martes, 8 de septiembre de 2009



La salsa caruso es uno de los mejores acompañantes para las pastas italianas, especialmente los Capellettis. Esta salsa se elabora a base de crema de leche y champiñones, aunque admite otra gran variedad de ingredientes que potencian su sabor.
Pero antes de comenzar a preparar la receta de esta salsa, veamos sus orígenes. Loa salsa caruso nació de una historia muy pintoresca y debe su nombre a un personaje muy afamado de la música clásica.
Todo comenzó en Uruguay en el año 1915, cuando los propietarios de un restaurante de la capital decidieron que debían preparar una receta especial para agasajar la visita del excelso tenor napolitano Enrico Caruso.
La llegada del músico italiano había revolucionado el Río de la Plata debido a que era una figura de renombre mundial dentro de la música clásica. Decidieron entonces que la receta debía basarse en la mezcla de tradiciones gastronómicas italianas que habían llegado a Uruguay traídas por los inmigrantes al pequeño país sudamericano.

Historia de la gastronomia (Caruso)


Enrico Caruso (1873 - 1921)
Una visita y un plato de leyenda
En 1915 llegó a Montevideo el tenor italiano Enrico Caruso, luego de cantar en Buenos Aires, lo que concitó una enorme expectativa y concentración de personas, motivando encendidos elogios en la prensa montevideana de la época. Caruso, admirado por figuras como Carlos Gardel, fue recibido en nuestro país por gobernantes e intelectuales de la época. Italiano y sibarita, Caruso degustó variados platos, preferentemente pastas, durante su permanencia en Montevideo.
Pero fue varios años después, allá por la década del 50 cuando en el restaurante 'Mario y Alberto', ubicado en Constituyente y Tacuarembó, nació la historia de esta salsa que hoy integra la carta de diferentes restaurantes de Europa y América Latina. Raymundo Monti, cocinero del restaurante, elaboró esta salsa, variación de la clásica salsa blanca con jamón y champignones cortados en juliana, con el agregado de crema de leche y extracto de carne. Surgen así los "Capellettis a la Caruso", que el gran tenor italiano nunca llegó a probar.